
No ¿verdad? Como tampoco permitirÃas que Batman tiñera su traje de rosa (pese a esa relación tan sospechosa que tiene con Robin) o tolerarÃas que Disney se pusiera a hacer pelÃculas con los héroes de la Marvel… oh! Wait!…
Se dice que Tolkien, que era un tipo sabio y cabal, dejó escrito en su testamento que ni por el forro de sus literarios huevos querÃa que Disney hiciese jamás de los jamases una versión sobre nada de su obra bajo pena de volver de la tumba con una legión de Uruk Hai para darles la del pulpo a los retrasados que hubiesen tenido semejante idea. AsÃ, de corrido y ni una coma metió, el tÃo, del cabreo que tenÃa. Es comprensible. Me pongo a pensar en Aragorn cantando un tema de Bustamante a dúo con Gollum, o a Hannah Montana haciendo de Galadriel entre un coro de ardillitas y pajaritos, y se me ponen los pelos como escarpias.
Todo esto viene a colación de ese fenómeno que está arrasando entre las quinceañeras (y treintañeras sin digievolucionar) de medio mundo. Me refiero, cómo no, a la saga Crepúsculo, esa serie de pelÃculas basadas en las cuatro novelas homónimas de una inicua aprendiza de Corin Tellado yanki llamada Stephenie Meyer. Si buscas cine mojabragas en la wikipedia, probáblemente te lleve directamente a la web de Crepúsculo.
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para variar, no esta escrito por un ingeniero informatico, sino por un tipo corriente que no consigue
que este apartado reconozca las putas tildes.