
Eso es, a grandes rasgos, lo que ha insinuado hoy nuestra eburnea y pizpireta Ministra de Cultura cuando le han preguntado qué opinaba sobre la noticia, publicada en Los Angeles Times, de que los grandes estudios de Hollywod planean renunciar al mercado español de cine doméstico en DVD. Resulta (por si alguien todavÃa no se ha enterado) que en Hollywood están muy enfadados con España porque somos los más piratas de Europa y están pensando en pasar olÃmpicamente del mercado español de cine doméstico porque no les da la pasta que les gustarÃa. La verdad es que la noticia está un poco traÃda por los pelos, porque apenas cita fuentes cuya postura no sea la obvia y tampoco dicen nada de si eso incluye a los Blu-Rays o no. En cualquier caso, tampoco serÃa de extrañar que en Hollywood nos enseñaran el dedo. Ya lo hicieron en 2008 con Corea del Sur, precisamente porque allà tampoco compraba un DVD ni Blas (Blas Ong Yun, se entiende).
En fin. Vayan a dejarnos sin DVD o no, lo que no puedo pasar por alto es que nuestra Ministra de Cultura tenga los santos cojones de insinuar, primero, que no somos capaces de entender el valor de la propiedad intelectual (en otras palabras, que nos tome por idiotas) y, segundo y más grave, que deje caer que parte de la culpa sea de las operadoras por vestirnos como a putas. O sea, por darnos demasiado ancho de banda.
Lo cierto es que la noticia de que Hollywood se plantea dar carpetazo al mercado de DVD en España es un arma tan inesperada como conveniente para la industria cultural española, obcecada en acusar a la piraterÃa de todos sus males. De hacerse efectiva, la decisión de las majors podrÃa perjudicar aún más a un tejido empresarial que lleva años dependiendo de las subvenciones para sobrevivir. Sin embargo, la eventual retirada de las pelÃculas en DVD de nuestras tiendas no deberÃa tomarse con tanto dramatismo sino como una oportunidad única. El mercado musical y cinematográfico lleva décadas bajo la amenaza constante de la tecnologÃa, cuyas innovaciones obligan a los creadores de contenidos a adaptarse o morir. Ocurrió con la fotocopiadora, el VHS, las cintas de casette, los MP3 y ahora con internet. El problema surge cuando la industria cultural y las instituciones (sobre todo las instituciones, señora ministra, por el Amor de Dios) se cierran en banda y no saben ofrecer alternativas que conviertan una amenaza en una oportunidad de negocio, sino tan sólo dar por el culo con operaciones de castigo y leyes del tipo “se te va a caer el pelo, friki”.
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para variar, no esta escrito por un ingeniero informatico, sino por un tipo corriente que no consigue
que este apartado reconozca las putas tildes.